Si sólo aprendieramos de la vida,
al punto de no temer a la muerte,
la fiesta continuaría en el más allá,
con otro ruido,
quizás un silbido,
quizás un pensamiento persistente
o esos herejes que te rezan
sin adorarte con azotes lascivos
bajo susurros líricos.
Quizás una bendición,
pero desde la otra habitación
con forma de suspiro,
el aroma de una canción
en líneas de melodia,
viajando a ciegas
para dar con la luz del vacío.
Tal vez así
y solo así
la función seguirá
más allá de un universo infinito
donde la luz canta
y pinta de inmortalidad.
Muero en mi por ti,
en el Universo sin saber porqué.
Muero al sentir seductor y atrevido,
ante el fuego emocional sin respuesta
que humedece el momento
al reflejo de las pieles
que conectan al soñar.
Muero al sueño mágico
de la fragancia del recuerdo sin prisa,ni pausa.
Muero en cada momento
sin resignación alguna
en mi por ti.
Y aprendí de la vida
hasta el punto de no temer
a la muerte,
y aunque presos seamos
de la muerte,
nacemos,
vivimos
y morimos.




